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The universal deluge || Elias Ripley || Priv.

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Mensaje por Erik D. Snow el Dom Abr 24, 2016 12:44 pm
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22:43 PM
24 of April
Harbor of Night City
Elias Ripley
The universal deluge
Las noticias volaban y mas cuando se trataba de Night City. Un carguero embarcarían en el puerto de la ciudad de la noche. Según la información que le habían recopilado sus secuaces, En dicho carguero se encontraría un nuevo compuesto químico con la capacidad de reprimir temporalmente los poderes de cualquier humano con habilidades. Básicamente se trataba de una droga. No solo le vendría bien deshacerse de los únicos viales existentes para evitar que fueran empleados en él, tener la formula de dicha droga le proporcionaría el arma definitiva contra aquellos héroes que trataban de capturarle y no solo eso, le permitiría observar la reacción y encontrar la forma de invertir los efectos y, de esa forma, crear un suero para incrementar y/o mejorar los poderes de cada individuo.

Y, como Jack no era tonto, sabía que el carguero tendría la máxima seguridad y vigilancia lo que incluía desgraciadamente a los héroes y superheroes que trataban de frustrar sus planes una y otra vez. Esta vez no le sorprenderían, no ahora que se encontraba en aquel carguero, bajo el oscuro cielo de Night City.

Elevó sus manos y cerró los ojos. Poco a poco el cielo fue cubierto por nubes, tan negras como el carbón y, de un momento a otro, los guardias que se encontraban en el perímetroacabaron empapados. Así era, Jack había provocado que diluviara de tal modo que pudiera compararse con el diluvio universal.

- 1, 2... 23. -

Percibió a los guardias gracias al contacto que había establecido con la lluvia. Su cuerpo tomó una vez mas un estado liquido, transformándose en agua. Se deslizó por el mojado suelo, pasando desapercibido gracias a los charcos que se habían formado.

En menos de quince minutos ya había aniquilado a los guardias, los cuales, eran atacados por la espalda sigilosamente cuando Jack tomaba su forma humana. Una vez que caían al suelo, su cuerpo volvía a transformarse en agua, impidiendo a los demás guardias que se acercaban por el ruido del cuerpo al caer pudieran percatarse de su presencia. Repetía el mismo acto hasta que hubo terminado con las defensas del carguero.

Desgraciadamente, Jack no podía contar con la gelidez que le acompañaba normalmente, sin embargo, lograría evitar la falta de control que tenía sobre lo que congelaba o no cuando se daba el contacto físico una vez consiguiera invertir el efecto de la formula. Poder y control, era algo que haría a Jack un enemigo mas temido de lo que ya era. Ahora solo debía buscar en cada uno de los treinta y dos compartimentos hasta encontrar el que guardaba los viales.

- Si hay alguien ahí que se prepare. Ha llegado Killer Frost. -

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Mensaje por Elias Ripley el Dom Abr 24, 2016 7:23 pm
The universal deluge
privado
Elias se cag… tenía presente de manera poco cariñosa a todos los familiares de los guardias de seguridad del puerto. ¿A quién se le ocurría pedir quince pizzas a esas horas? Al cocinero casi le había dado un infarto al escucharlo y a él le había dado otro al enterarse de que iba a ser el encargado de llevarlas. Internamente, su optimismo le susurró que sería fácil, que las entregaría y podría marcharse a casa sin mayores problemas. Pero cuando llegó al puerto descubrió que no sería así, pues no había guardias a la vista y llovía a cántaros. El contacto del frío líquido contra su piel le recordó la pelea que había tenido con el temible killer Frost, o Jack Killer… o un nombre de villano que no recordaba demasiado. Pese a la poca seriedad que tenía Elias para recordar su nombre, lo que sí tenía claro era que había estado a punto de morir. Jamás olvidaría la sensación de quedarse sin oxígeno y el beso helado que había compartido con el villano.

Empapado, corrió por el puerto buscando algún signo de vida, cag… teniendo presente sin cariño a los familiares de los guardias, pisando charcos y sintiendo como la ropa se le pegaba más al cuerpo… hasta que tropezó. Salvó las pizzas de puro milagro y en cuanto recobró el equilibrio, se giró hacia el guardia tendido en el suelo con el ceño fruncido.

Vamos hombre, si es que hay algunos que no tienen vergüenza. No solo os olvidáis de que tenéis que pagarme sino que además os echáis una siesta en mitad del camino para hacerme la zancadilla… Y encima con esta lluvia —Hablando solo, el héroe de las llamas se agachó al lado del hombre para despertarle y fue entonces cuando algo en el aspecto del contrario le hizo temer que nada de aquello era una broma de mal gusto para el pobre repartidor de pizzas. Dejó las quince cajas que llevaba apiladas en las manos en el suelo y colocó su mano sobre el cuello contrario para descubrir si tenía pulso: no era así. Maldijo por lo bajo y tal y como había hecho en el banco hacía unos cuantos días, empezó a acariciarse a sí mismo en búsqueda de su antifaz. Llegó entonces a su mente la visión de su antifaz colgado en la ventana de su casa, secándose —Maldita sea.

Desesperado, empezó a buscar con la mirada algo que pudiera servirle para cubrirse. Sus ojos recorrieron el lugar entre cargueros y cargas y finalmente se posaron sobre las cajas de pizza. Si se colocaba una caja en la cabeza y le hacía dos agujeros para los ojos… No, por suerte, antes de que pudiera llevar a cabo semejante disparatada idea, encontró cerca del guardia un canguro de color negro con capucha. Se lo colocó —le sería útil también para protegerse de la lluvia— y empezó a correr entre el laberinto de cargas para empezar a buscar al villano o ladronzuelo que hubiera causado aquello. Lo encontró más pronto de lo que pensaba, dándole la espalda y otorgándole una buena imagen de su trasero. Oh, no. Elias conocía aquellas piernas fuertes y esas caderas apretadas. ¿Por qué tenía que ser él? Se dio ánimos a sí mismo y caminó hacia él lentamente, con la capucha del canguro cubriéndole por completo el rostro y las cajas de pizza en sus brazos, ocultándole también del enemigo. En cuanto estuvo cerca, carraspeó.

—Disculpe… Creo que han encargado quince pizzas a esta dirección. ¿Sabe quién podría recibirlas…?
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Mensaje por Erik D. Snow el Dom Abr 24, 2016 9:27 pm
The universal deluge
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Algo perturbaba su calma. La lluvia avisaba de la entrada en el perímetro, un individuo con la temperatura corporal por encima de lo normal. No se lo podía ni creer. Tres días, tres días en los que se sintió un inútil al no poder congelar a todo aquel que le complaciera. Aun que sus habilidades volvían en si, aun no estaba preparado para usarlas con un total control por lo que prefería no usarlas y de esa forma no salir herido.

Durante los dos días en los que sus habilidades criogenicas permanecieron latentes, no detuvo los robos y asesinatos, la única diferencia era que ahora ahogaba a sus víctimas.

Tanto su cabello como su piel recobraban el aspecto gelido que normalmente solía aparentar. Sus ojos azules ya estaban a tan solo unos días de volverse cristalinos. Eran claros indicios de que pronto volvería a asesinar con sus metodos mas usuales.

El individuó se acercó a Jack. El pálido chico no se molestó en darse media vuelta, ya sabía por su voz y por la temperatura corporal del individuo que las gotas de lluvia registraban de quien se trataba. Antes de que el combate pudiese dar comienzo, su cuerpo tomó un estado liquido una vez más, aprovechando la inundación que la cubierta del carguero presentaba, tomó forma humana a las espaldas del joven.

- Que rápido. ¿Tantas ganas tienes de robarme otro beso? -

Sus palabras aunque en tono bajo, surgían como un eco, acompañadas de un frió aliento, aunque no tan frió como el que mostraba la ultima vez que se encontraron.

- No deberías estar aquí, esta diluviando. -

El agua de la cubierta del barco subía a través de las piernas de su acompañante hasta detenerse antes de llegar a la cintura. Jack comenzó a cerrar sus puño derecho lentamente, provocando que la presión del agua que le atrapaba le fuera aplastando poco a poco.

- Ya te pues ir yendo si no quieres acabar como la ultima vez. No necesito congelarte para matarte. -

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Mensaje por Elias Ripley el Mar Abr 26, 2016 4:11 pm
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Elias cambió el peso de pierna, sintiéndose realmente incómodo. El asesino del hielo le había descubierto antes de que pudiera haber atacado por sorpresa. Con un suspiro, dejó las cajas de pizza en el suelo delicada y lentamente y volvió a echarse hacia delante la capucha del chubasquero para ocultar su rostro. Al fin y al cabo el deber de un héroe era ocultar su identidad, aunque fuera con una mínima sombra sobre su rostro.

No te preocupes, no tengo que marcharme. No voy a terminar como la última vez —comentó, realmente serio. Elias no solía ser así. Su voz no solía sonar fría. Sus labios no acostumbraban a estar sellados en una mueca melancólica. Apretó los puños con fuerza y de ellos empezaron a surgir llamas que rodearon su cuerpo con rapidez y pronto le convirtieron en una figura en llamas. El agua que había acariciado sus muslos y cadera hasta entonces se evaporó a una velocidad vertiginosa; nada frío podía herirle—. Todo ha cambiado esta vez —añadió, alzando el rostro y dedicándole una expresión culpable al villano. ¿Culpable? Por Dios, no hay quien entienda a este hombre…

Soltó un grito que demostraba la fuerza que estaba ejerciendo sobre su propio cuerpo y dominando sus poderes y de pronto de su espalda surgieron dos rachas de fuego, llamaradas terroríficas que tardaron unos segundos en tomar la forma de unas alas perfectamente definidas; alas creadas con llamas. La lluvia ya no rozaba su piel, el tiempo ya no le era contrario.

Hace tres días que no duermo en los frigoríficos en los que solía dormir, así que me temo que estoy 100% preparado para hacer que este combate sea completamente diferente al anterior —Dio un paso hacia delante y batió sus alas suavemente, dejando que algunas llamas desaparecieran en el espacio para volver con más fuerza. Sus ojos, serios, fríos, a causa de la serie de recuerdos que le venían a la mente al tomar una forma tan poderosa, recorrieron entonces el cuerpo contrario, notando que había algo distinto en su aspecto. Algo que le hacía completamente diferente a su yo pasado—. Pero te veo menos congelado que normalmente, amigo. ¿No será que mi beso te dejó tan caliente que incluso hoy eres incapaz de esconderte en tu muro helado?

Sin dar ningún aviso previo se lanzó contra el villano, con las alas abiertas para provocar que su figura fuera más intimidante. Mientras avanzaba hacia él se aseguró de comprobar que el movimiento de sus alas siguiera el de sus brazos: lanzándolos hacia atrás ellas se movían hacia atrás; moviendo el derecho hacia delante, el ala derecha lo imitaba. Fue así cuando, en el momento en el que estuvo justo encima del chico, juntó ambas manos ante él, agarrando el rostro del villano y provocando que las alas hicieran lo mismo y se lanzaran sobre su cuerpo para abrasarle.

El rostro de Elias dibujaba una sonrisa macabra. El poder le corrompía. El exceso de fuego en su cuerpo iba a volverle loco. Literalmente.

Spoiler:
Aclaraciones:

Te dejo la imagen del canguro que te dije en el anterior post o del chubasquero.

Spoiler:
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Espero que se entienda todo porque lo he escrito en situaciones realmente adversas.
Con Erik - a las 22.45h - Harbor of Night City - 24 de abril - [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]


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Mensaje por Erik D. Snow el Miér Abr 27, 2016 6:59 pm
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Jack no solía titubear pero, en aquel momento, se encontraba en una situación peligrosa. El joven al que se había enfrentado días atrás ardía en llamas, unas llamas que se elevaban y consumían todo lo que se aproximara a ellas. Llamas que reclamaban la sangre del gelido joven. El agua que caía del cielo no llegaba a tocar la piel del héroe pues, se evaporaba antes de llegar a la superficie de la misma.

El fuego que emanaba cambiaba la temperatura del aire que le rodeaba, removiendo las nubes a medida que el viento frió y el caliente luchaban por gobernar el lugar. Si el terreno ya era húmedo de por sí al encontrarse en el puerto, los actos de ambos incrementaban las condiciones de dicho clima.

Sus manos se elevaron de nuevo, esta vez sintiendo una mayor presión. El joven de cabello plateado movió la marea que rodeaba el carguero, despertando de esa forma la furia del mar, el cual, se lo tragaba todo. Tenía un propósito. Si no podía conseguir la formula, nadie mas lo haría. De la misma forma, pretendía librarse del contrario.

- No digas gilipolleces. El beso que me diste dejó mucho que desear. -

Su tono de voz, como siempre, era frío y apagado, serio y melancólico. Por algún motivo, al imaginarse al chaval que se escondía tras esa mascara enloqueciendo por consecuencia de usar sus poderes a semejante nivel, le provocó una fuerte irritación. Tanto fue que le molestó que, se dejó envolver en las llamas y de esa formas, absorber el calor que rodeaba el cuerpo del contrario. No dudó en volver a besarlo, absorbiendo una vez mas todo el calor posible, a sabiendas de que provocaría que sus gelidos poderes tardarían mas en volver.

A pesar de todo su esfuerzo por apagar dichas llamas, las mismas comenzaban a consumir su pálida piel, ocasionando graves heridas de quemaduras en el joven. Jack liberó toda su fuerza de un frito, causando que el mar acabara por tragar a ambos. El agua apagó las llamas que prendían la piel de Jack, dándole unos minutos para recobrarse y regenerarse tomando el agua que le rodeaba.

Su figura en un estado acuoso se formo en la costa de la playa cercana al puerto, aunque su cuerpo aun no adquiría un estado solido, sus enlaces moleculares se unían lentamente, lo que hacía que su cuerpo tuviese una textura entre el gel y la gelatina a causa de las heridas y el gasto de energía. No podría moverse hasta volver a ser totalmente solido.

- Espero que lo hayas pasado peor que yo, maldito. -

Sus cuerdas vocales aun no se encontraban en el estado óptimo para mencionar palabra alguna por lo que su vocablo no llegaba a ser entendible al cien por cien.

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Mensaje por Elias Ripley el Dom Mayo 01, 2016 6:25 pm
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Había habido una densa niebla cubriéndole la visión mientras el fuego le rodeaba y creaba un escudo impenetrable. El poder era más poderoso que él y seguramente si no le hubiera necesitado se hubiera independizado de él, quemándole desde el interior. Pero por desgracia le necesitaba y cuando tenía suficiente fuerza, le poseía, controlando su cuerpo y adormeciendo su mente. Había sucedido pocas veces, pues Elias solía enfriarse literalmente, adormeciendo él al fuego que usaba como arma para convertirse en un héroe, pero sí que había sucedido con anterioridad y con consecuencias detestables. Cuando el fuego le controlaba, Elias solía despertarse dos días después en algún polígono abandonado y con la noticia de varios incendios sorpresivos en varios puntos de la ciudad.

El fuego ya se veía consiguiéndolo de nuevo, pero no fue así esa vez. Sino que hubo un contacto doloroso, algo que llevó a Elias a querer despertar para liberarse de las quemaduras provocadas por el frío. El beso. Ese maldito beso que había traído consecuencias nefastas con anterioridad y que por algún motivo volvía a repetirse. El fuego perdió su fuerza con el paso incesante de los segundos, convirtiéndose de nuevo en las llamas mansas que solían ser. Elias cortó el beso, echando su cabeza hacia atrás y respirando como si no lo hubiera hecho jamás. Pero de pronto, sin previo aviso, descubrió que no había sido el único que había gritado, que quizá no había sido el primero en romper el contacto y que una gran ola estaba a punto de golpearlo. Ni siquiera tuvo tiempo de coger aire antes de que el agua le rodeara y le lanzara con ferocidad contra uno de los contenedores de metal que se encontraban en el puerto.

Mierda” —gritó en su mente cuando escuchó el crujido de su propia espalda. El agua regresó al mar paulatinamente, dejándole empapado y tendido en el suelo. Al alzar el rostro, descubrió entre el hueco que le dejaba su cabello cayendo sobre su rostro una figura lejana rodeada de un aura terrorífica: una figura realmente enfadada y poderosa. Recordando dónde se encontraba y qué era lo que supuestamente debía hacer se incorporó, ayudándose del cargamento y balanceándose. Hizo fuerza con su brazo para que las llamas volvieran a cubrirle, más éstas no aparecieron. Tras gritar en su mente un segundo “mierda” acompañado de un “mierda, mierda y más mierda” lo intentó más veces, siempre con el mismo resultado negativo.

El poder de su enemigo parecía aumentar con el tiempo y el héroe de fuego fue consciente de que como no consiguiera incinerarse pronto podría acabar peor de lo que estaba. “Vamos, vamos…”. Chasqueó los dados varias veces y no fue hasta varios intentos después cuando consiguió una pequeña llama que pronto se expandió por su cuerpo como si estuviera hecho de algún material altamente combustible. Una vez seguro de haber recuperado el control, hizo desaparecer las llamas, se sacudió como si un perro se tratara para secarse mínimamente y empezó a correr hacia el bordillo del puerto. Segundos antes de perder pie y caer al agua saltó, llevó sus manos a sus piernas y creó una especie de nube de fuego que le llevó surfeando las olas por encima del mar hacia la playa cercana. No era apta para largas distancias, pero algo era algo.

¡Frosty! —exclamó, colocándose delante de su enemigo. En su mente tenía sentido que el mote fuera a calmar al villano. Por desgracia, no todo era como en su mente… Si así fuera, los donuts caerían del cielo, los videojuegos serían gratis y las personas ignífugas—. Puedes detener esto y lo sabes. Puede que hayas sufrido… Y estaré dispuesto a escucharte acompañado de una taza de chocolate caliente y compartiendo una manta, pero destrozar el puerto no es una buena manera de llamar la atención —alegó, dando por supuesto que las intenciones del hombre helado eran únicamente aquellas. Los villanos tenían una mentalidad tan simple según el héroe de fuego… —Vamos. Olvidemos lo que ha pasado y regresemos juntos.

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Mensaje por Erik D. Snow el Dom Mayo 08, 2016 11:18 am
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Jack ayudándose de la fuerza de sus piernas y brazos no tardó en erguirse torpemente, jadeando y tomando grandes cantidades de oxigeno. Sin duda había consumido mucha fuerza durante el enfrentamiento tan corto que había tenido con el contrario. Manipular grandes masas de agua ejercía una fuerte tensión sobre los musculos y tendones del cuerpo del joven pues, manejar tales corrientes de agua sin previa preparación era como obligarle a levantar una tonelada.

El agotamiento le pasó factura, su cuerpo seguía sin tomar una forma solida es mas, sus escasas fuerzas le permitían mantenerse en pie, en estado de gel. Tanto sus piernas como brazos se derretían lentamente al igual que su rostro. Sin duda había sido una mala idea extinguir las llamas que su contrincante había invocado. De pronto, su pierna derecha estalló, convirtiéndose en agua sin mas. Cayó al suelo y su cuerpo imitó el efecto secundario.

Del charco de agua se formó un brazo que tras tomar la suficiente fuerza, se apoyó sobre el suelo para ayudarle a materializar el resto del cuerpo llegando solamente hasta la cintura.

- Esto me pasa por no dejar que te incineres a ti mismo. ¿A que estúpido se le ocurre la idea de dejar que sus poderes se descontrolen? -

Claramente se refería al héroe que la ultima vez se hizo llamar "llama" Sin embargo, él había cometido la misma imprudencia al tratar de usar la marea y ejercer a su cuerpo a un extremo estrés. Frunció el ceño al escuchar las palabras del joven. ¿Llamar la atención? No, eso no era lo que Jack buscaba, quería hacer pagar a todos aquellos que le volvieron la espalda, quería hacer pagar a los que se negaron a ayudarle y a los que mas tarde se ocuparon de darle caza.

- Eres demasiado inocente a pesar de que ya no eres un niño. -

Las manos de Jack emanaban una gelida neblina, algo que no era fácil despues de haber absorbido tanto calor del joven contrario. Cuando se preparaba para lánzale un carámbano de hielo, sintió un pinchazo a la altura del omoplato, seguido, la vista se tornó borrosa para terminar dejando al frió joven en estado de sedación.

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Mensaje por Elias Ripley el Jue Mayo 12, 2016 6:21 pm
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En cuanto Elías escuchó el reproche de Jack sobre el descontrol que tenía sobre sus propios poderes dibujó una mueca desconsolada. Sabía perfectamente que no era el mejor ejemplo de héroe… Maldita sea. Incluso a veces se peleaba con su propio cuerpo para que una chispa llameante saliera de él… Pero él no era realmente culpable, ¿verdad? Quizá su ingenuidad le impedía controlarse del todo. Esa ansia por luchar por los demás, no por sí mismo ni por recuperar el control sobre su propio cuerpo. Mientras él dibujaba semejante expresión de tristeza, el enemigo volvió a hablar, echándole en cara lo inocente que era.

Pero extrañamente, aquello no sonó en absoluto como un insulto a oídos de Elías. Es más… le había hecho gracia. Su corazón sintió una calidez más profunda que las llamas abrasantes que le abrazaban mientras usaba sus poderes. Sonrió tímidamente, dejándose llevar por la emoción de lo amigables que habían sonado semejantes palabras. Pero tuvo que despertar en cuanto vio el cuerpo contrario tomar forma de nuevo (sorprendiéndose por lo bien que dominaba aquellos extraños poderes que parecían una némesis de los suyos propios) e invocar un gran frente helado. Dispuesto a, se temía Elías, atacarle.

Viéndose incapaz de poder resistir un poco más con su escudo de llamas, se colocó los brazos cruzados delante del cuerpo y esperó que pudieran resistir el ataque sin tener que invocar al fuego como protección. Cerró los ojos con fuerza y esperó. Esperó dolor, frío y ahogo, pero nada de aquello llegó. En su lugar, escuchó el sonido del cuerpo del chico desplomándose en el suelo y alertándole. Abrió los ojos con rapidez, creyendo inocentemente que el uso de los poderes de hielo habrían causado el cansancio y posterior desmayo de su dueño. Pero no, no fue así.

¿¡Qué creéis que estáis haciendo!? —gritó con fuerza y preocupación. Ante él se encontraba un grupo de cinco personas, y estaba seguro de que había más en camino. Los extraños optaron por ignorarle y se aceraron al cuerpo inconsciente del villano—. ¡No os atreváis! —exclamó de nuevo aquel que controlaba las llamas. En un arranque de rabia soltó un grito y dejó que el ardiente fuego rodeara sus brazos—. No sé qué es lo que queréis, pero no os lo vais a llevar. Me estaba encargando yo de la situación —Entrecerró los ojos, dispuesto a pelear.

Los extraños le vieron como un enemigo entonces. Sonrieron susurrando algo sobre los sujetos de pruebas y se acercaron a él, acorralándole. Provocando que por primera vez en mucho tiempo se arrepintiera de ser un bocazas. Elías hizo desaparecer el fuego y alzó las manos, pidiendo una tregua que no le fue concedida. Al verse en peligro, siguió a su instinto primario de supervivencia y placó a uno de los desconocidos, al más débil de apariencia, para salir del círculo que habían formado a su alrededor. Se agachó ante el villano y se lo cargó en el hombro, preparado para huir. Lo que no esperó fue que apareciera por su espalda uno nuevo de ellos, al parecer el jefe, y le clavara algo en el cuello. Elías se giró, sorprendido, asustado y mareado a la vez. Únicamente estuvo a tiempo de abrir la boca para murmurar un mudo “¿qué?” antes de caer también en la inconsciencia.


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