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A deadly breath || Elias Ripley || Priv.

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Mensaje por Erik D. Snow el Miér Abr 20, 2016 10:14 am
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20 of April
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Elias Ripley
A deadly breath
Tres días, tres días habían pasado desde que Jack se alimentó por ultima vez. Si no volvía a absorber el calor de otro ser vivo pronto acabaría convirtiéndose en un cubito de hielo, si no lo era ya. Aprovecharía su salida para atracar el banco del distrito de los diamantes y de paso alargar su vida unos días mas. Era ese tipo de persona, si podía matar dos o tres pajaros de un tiro lo haría, ese era su estilo.

El sol se escondió tras las nubes, las cuales provocaban una falta excesiva de iluminación para ser el distrito en el que el sol siempre brillaba. Ahora las avenidas de aquel lugar se tornaron de gris, formando cierto sentimiento de peligro a sus ciudadanos, quienes podían presagiar el peligro al notar un rápido y desmensurado descenso de las temperaturas. No se equivocaban. El emperador del hielo caminaba por las calles de Diamond City. Killer Frost Había llegado.

Los niños de la plaza se le quedaron mirando, su pálida piel, sus ojos helados y su cabello blanquecino llamaban la atención de los mas pequeños. Se quedaban petrificados al ser correspondidos con su mirada. Jack sonrió y siguió su camino tranquilamente, sin agobiarse por la intranquilidad que causaba en los lugareños y, aun conociendo que su presencia alertaría a las fuerzas de seguridad de la ciudad, mantenía su paso pausado.

Cuando finalmente llegó a las puertas del banco, posó sus manos sobre los pomos de las puertas y las abrió como si de un cliente mas se tratase. El helado viento se adentró en la sala, avisando de su llegada.

- Manos arriba, esto es un atraco, bla bla bla, cualquiera que se mueva esta muerto.Todos al suelo. -

La gelida mirada de Jack cruzó el hall del banco, observando a uno de los empleados el cual, tenía las manos bajo el escritorio en el que trabajaba. Su brazo se movía lentamente hacia el centro del mismo. Una sonrisa se dibujó en el semblante del joven y, con un movimiento de mano disparó un carámbano de hielo que atravesó el pecho del hombre.

- El que avisa no es traidor, o eso dicen por ahí. - Añadió sarcásticamente con el rostro inexpresivo.

El grito de una mujer perturbó a Jack, se dirigió hacia ella y se agachó para susurrarle algo al oído y mas tarde, llevarse el dedo índice a sus labios para mandarla callar. - Shhh. - Una vez que tuvo la certeza de que nadie volvería a hacer ruido, se incorporó.

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Mensaje por Elias Ripley el Vie Abr 22, 2016 2:52 pm
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17:30 PM
20 of April
Diamond City Bank
Elias Ripley
A deadly breath
Los últimos días del mes siempre eran complicados para los trabajadores honrados de la ciudad (que eran realmente pocos). Era el momento en el que acudían al banco deseando que por algún designio divino quedara dinero en sus cuentas bancarias después de haber pagado el alquiler, la luz, el gas, el agua, el teléfono e internet. No pedían mucho, quizá algún número de tres cifras, lo suficiente para poder comprar algo de comida hasta que llegaran los cobros de principios de mes.

En el interior de la sucursal bancaria empezaban a generarse colas desde las primeras horas de la mañana. Muchos hablaban durante unos minutos con los empleados del banco, quienes tras teclear rápidamente en sus ordenadores les respondían algo que hacía que esas personas suspiraran y se marcharan. No todos eran tan fáciles de persuadir, por supuesto. Un repartidor de pizza, un hombre moreno con buen cuerpo y rostro poco serio, se resistía a ser echado del lugar mientras la cola de personas que se encontraban tras él suspiraban hartas y le abucheaban en susurros.

Diablos, no puedes hacerme esto… Ten piedad… Vuelve a mirarlo, algo tiene que quedar— gemía con la voz rota dicho hombre, como si estuviera a punto de morir. La empleada, una mujer joven y atractiva, se encogió de hombros y le dedicó una mirada de tristeza antes de disculparse—. No, es que no lo entiendes. Ha salido un videojuego nuevo y va a agotarse si no lo compro esta semana… ¡Ah! ¡Ya sé! ¡Concédeme un crédito! —La mujer se disculpó de nuevo alegando que sin buenas referencias no podía hacerlo y le pidió que se marchara para dejar paso al próximo de la cola.

Elias, el hombre que suplicaba por una solución, se negó nuevamente a marcharse. Iba vestido con una camiseta de manga corta roja y unos tejanos apretados levemente desgastados. En su brazo colgaba el casco de la moto con la que había llegado, el vehículo que le había dejado la empresa para hacer su trabajo, y sus manos quedaban ocultas por guantes negros. ¿Por qué alguien con manga corta llevaría dichos guantes de cuero? La gente que había empezado a preguntarse aquello lo había olvidado rápidamente en pro de preguntarse por qué el extraño no aceptaba su situación y se marchaba para dejar que la fila avanzara.

La escena se interrumpió de pronto cuando una ráfaga helada se expandió por la sala. Elias alzó el rostro a tiempo para ver entrar a un extraño hombre en el edificio, rodeado por un aura realmente gélida. Estuvo a punto de desviar la mirada y continuar su tarea de meterse a la empleada en el bolsillo, pero un par de palabras del desconocido le desconcertaron: un atraco. De pronto, un proyectil de hielo pasó volando hacia él. Se agachó con rapidez y descubrió que no había sido él el objetivo, sino un pobre empleado que yacía muerto, con una estalactita de hielo atravesándole.

¡Mierda! —Con disimulo se escurrió entre la gente para empezar a buscar su antifaz. Lo había dejado en algún sitio, eso seguro. Se toqueteó con rapidez hasta que palpó algo duro en el bolsillo trasero de su pantalón. Sacó de él el antifaz y se lo colocó de espaldas al villano, cubriendo sus ojos. Eso ayudaría a mantener su identidad a salvo. Con valentía se adelantó a todos los presentes, que habían empezado a agacharse y a rezar por sus vidas—. ¡Eh! ¡Tú! ¡Nadie va a robar este banco mientras “Llama” esté presente! —gritó, lleno de energía y usando el primer nombre que le pasó por la cabeza. Había usado muchos, pero ninguno había terminado de gustarle. ¡Diablos, ni siquiera se acordaba de ellos!


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Mensaje por Erik D. Snow el Vie Abr 22, 2016 3:57 pm
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Una pregunta que se formulaba una y otra vez en la cabeza no era otra que "¿Para que tener planes si nunca salen como está previsto?" El caso es que siempre se las ingeniaba a la hora de encargarse de los contratiempos.

- Nos ha salido un gallito peleón... -

Su mirada gelida recorrió de nuevo la sala, volviendo su vista al individuo una vez que se había asegurado de que todos los rehenes se encontraban en el suelo. Aun, con su inexpresivo rostro se acercó al chaval que se había propuesto a retarle. A escasos pasos de él, ordenó a uno de los rehenes que se levantase y así lo hizo. Sin miramiento alguno, Jack le sujetó de la corbata y le plantó un beso en los labios.

No es que fuese la única forma en la que podía robarle el calor a otra persona sin embargo era la mas rápida y la menos aburrida para él. Entonces, La piel del hombre se empalideció. Fue en cuestión de segundos que el hombre acabara completamente congelado. Jack, por su parte, separó sus labios de los del hombre y le dio un pequeño empujón, empujón que haría caer a la ahora estatua de hielo para romperse en mil pedazos desproporcionados de hielo. Ahora el suelo del banco se encontraba bañado en grandes y pequeños trozos de carne humana y sangre congelada.

- Nadie se resiste a mi gelido y mortal aliento. -

Se mordió el labio pues, el chico que se encontraba delante de él con un antifaz no estaba para nada mal. Su voz parecía la voz de un chico bueno, salvo por eso, era bastante atractivo. Estaba deseando robarle un beso para luego, darle el mismo futuro que al pobre que había asesinado momentos antes.

- Ni si quiera tú podrás. Héroe de poca monta. -

De sus manos se desprendía una ligera neblina gelida, neblina que avisaba de un posible ataque. Con un movimiento de mano, disparó de nuevo dos carambanos de hielo que fueron a parar a las espaldas del joven, haciéndole creer que su puntería había fallado sin embargo, el ataque no se había centrado en el héroe si no en otros dos rehenes que se encontraban atrás de él.

- Esto funciona así. A ti te importa si viven o mueren, a mi no. No estas en posición de defenderte y mucho menos de defenderlos a ellos. -

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Mensaje por Elias Ripley el Vie Abr 22, 2016 4:28 pm
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Elias se quedó con la boca abierta, completamente sorprendido. Su mirada se perdía entre el hielo que bañaba el suelo y que segundos antes había sido el cuerpo de una persona viva. Puede que la víctima fuera un empresario seguramente corrupto, pero nadie merecía morir de aquella manera y menos por un “beso de la muerte”. Cuando fue capaz de reponerse, frunció el ceño y observó con odio al desconocido, sintiendo que había metido la pata al salir alegremente a atacar al villano. Otro héroe más inteligente habría esperado a ver las habilidades de su enemigo antes de descubrirse a sí mismo. Elias no era así, era alguien impulsivo. Alguien que en ese momento deseaba que el villano no le hubiera escuchado. Porque a él le gustaba luchar contra las fuerzas del mal, pero no tenía intención de dejar que le mataran.

El desconocido movió nuevamente sus manos para crear nuevos rayos helados y Elias cruzó sus brazos delante de su cuerpo para protegerse del futuro ataque. Cerró los ojos con fuerza, esperando el golpe, pero la ráfaga helada pasó acariciándole la cintura. Con el corazón golpeándole con fuerza y toda la adrenalina invadiéndole, se giró y contempló con horror dos cadáveres más a sus espaldas.

Eres fuerte… —murmuró, sin un ápice de alegría. Se había enfrentado a ladronzuelos y a algún que otro niño con poderes, pero jamás a alguien que supusiera un reto tan grande. Aun así no estaba dispuesto a dejar que el hombre de blanco se saliera con la suya: la vida de los rehenes estaban en sus manos—. Pero no lo suficiente como para enfrentar a la justicia. Estas vidas se van a salir caras… —Con decisión se sacó entonces los guantes de cuero con fuerza y los lanzó a los pies del desconocido, sin llegar a tocarle. Abrió sus brazos, casi invitando al desconocido a atacarle, y soltó un gruñido antes de que sus manos empezaran literalmente a arder—. Esto no lo hacía desde las clases de primaria de física y química, pero ¡Vamos a descubrir qué sucede cuando el hielo arde a 100ºC!

Elias empezó a correr hacia el desconocido con los brazos a los lados, con cuidado de no hacer arder a ninguno de los rehenes. Teniendo a su enemigo delante, alzó los brazos e intentó golpear con el puño ardiendo su rostro. Las llamas que rodeaban sus extremidades no eran en absoluto tan poderosas como las que tiempo atrás habían hecho arder el rostro de su novia. No, Elias se contenía, se pasaba las noches durmiendo en congeladores para controlar sus llamaradas. Y aquello ayudaba a evitar la muerte de los ladronzuelos que atrapaba. ¿Pero sería suficiente para detener al monstruo de hielo que tenía delante?

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Mensaje por Erik D. Snow el Vie Abr 22, 2016 5:23 pm
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No pudo evitar sonreír, aunque viniendo de un héroe del que no había oído a penas lo consideraba un alago. El caso, es que Jack no se tomaba para nada bien que alguien interfiriera en sus planes aunque, eso no impediría que el gelido veinteañero se divirtiera un rato con el contrario.

- Alguien te tiene que enseñar una importante lección, la justicia es una mera ilusión. -

La blanquecina niebla que momentos antes emergía de sus manos comenzó a propagarse por el edificio. No era solamente una táctica para impresionar e intimidar a los que allí se encontraban para evitar que hiciesen cosas absurdas. La temperatura comenzaba a desplomarse rápidamente. Sin duda pronto tendría una gran ventaja a su favor, condenando a los rehenes a una inevitable hipotermia.

Su mirada siguió los guantes que el contrario se había quitado. Entendía que aquello supondría una señal. Seguramente su poder fuera físico por lo que podía descartar habilidades mentales o de control del medio. Sin duda alguna, Jack llegó a la conclusión de que el hombre trataría de atacarle cuerpo a cuerpo sin embargo, antes de proceder a responder a la amenaza, esperó a saber contra que le tocaría enfrentarse.

- Creo que deberías haber dejado el calenton en casa. -

Su frías expresiones no señalaban a que aquello fuese un chiste sin embargo, lo era. Nunca había sido bueno con las bromas pero, aun así, no pudo evitar burlarse del hombre de fuego.

Antes de que su puño lograra rozar el rostro de Jack, su cuerpo tomó un estado liquido, cayendo al suelo en forma de agua. Se coló entre las piernas del contrario y volvió a tomar su forma humana. Posteriormente, emanó de las palmas de sus manos rayos de hielo con los que trataría de extinguir las llamas que le acompañaban. Tras ver que no era suficiente, tomó impulso y saltó hacia atrás, dejando distancia entre ambos.

- ¿Es todo lo que tienes? -

Elevó su mano derecha y la giró levemente, provocando que los aspersores anti-incendios cedieran y de esta manera despidieran agua. Ahora se encontraba en una clara ventaja. Un lugar húmedo y frió le permitía terminar con la función.

- No te resistas... ¿A caso no quieres que te de un beso? -

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Mensaje por Elias Ripley el Vie Abr 22, 2016 6:02 pm
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Te puedo asegurar que todavía no has visto nada —soltó Elias con una sonrisa torcida que intentaba aparentar seguridad. El villano ante él no únicamente controlaba el hielo sino también el agua: aquello era problemático. De pronto los aspersores anti-incendios parecieron ceder al extraño ambiente que les rodeaba y explotaron, provocando una lluvia helada sobre todo el mundo. Elias se mordió el labio inferior con fuerza; empezaba a cabrearse—. ¡Todos los rehenes que me escuchen! Quiero que se marchen de aquí: YA. ¡Cuenten mentalmente hasta diez y corran por sus vidas!

Antes de que el villano pudiera objetar algo, Elias empezó a correr hacia él, dispuesto a placarle con fuerza y entretenerle mientras los civiles que allí se encontraban se marchaban. Intentó golpearle de nuevo y su cuerpo quedó realmente cercano al del contrario. Fue entonces cuando el hombre de hielo alegó que no se resistiera, que se dejara besar. Elias sonrió de lado y sintió que su temperatura corporal empezaba a elevarse.

Créeme, nada me haría más ilusión que dejar que me besaras. Pero no suelo besarme con la gente que puede matarme… literalmente —alegó. Sus hombros y brazos empezaron a incendiarse y su mirada se convirtió en un mar de llamas. La lluvia que anteriormente empapaba su cuerpo ahora desaparecía convertida en vaho a segundos de rozar su piel. El aire frío que había rodeado la habitación fue caldeándose lentamente, convirtiéndose en la ráfaga tibia digna de una tarde primaveral. Elias se concentró en las muertes que había causado el hombre ante él y pronto se dio cuenta de la rabia que le había hecho no poderles salvar—. Dios mío, no tienes ni idea de lo que me estás calentando. ¡Espero que estés preparado!

Se acercó de nuevo hacia él para iniciar una nueva ronda de puñetazos… Pero algo fue distinto esta vez. El hombre cuyo cuerpo iba convirtiéndose progresivamente en una gran llama viva golpeó de nuevo al villano de hielo, pero no con los puños en esta ocasión sino con su cabeza. Envió un fuerte cabezazo hacia el otro y llevó sus manos a los hombros contrarios para empezar a abrasarlo. Las quemaduras que causaba habitualmente y sin querer a algunos de sus muebles no iban a ser nada comparadas con las marcas que quedarían en el cuerpo del villano cuando terminara con él.


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Mensaje por Erik D. Snow el Vie Abr 22, 2016 7:07 pm
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17:30 PM
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El joven había conseguido irritar del todo a Jack, no solo le había retrasado en el robo del banco sino también en lo que sería una diversión asegurada. Lo único que pudo llevar a cabo fue la absorción del calor de uno de los rehenes, eso le daría al menos cuatro días de vida por lo que tendría que volver a matar a otra persona para sobrevivir.

La expresión de su cara ya no era inexpresiva, se podía notar lo molesto que se encontraba con la situación. Al menos, si no podía alimentarse de unos simples humanos lo haría del héroe de pacotilla que no paraba de frustrarle los planes.

Sus ojos cristalinos brillaron, su piel emanaba un gelido vapor, vapor visible por las temperaturas tan bajas que le rodeaban. El agua comenzó a subir por las paredes, puertas y ventanas, congelándose al momento formando una espesa capa de hielo compacta y de grosor inigualable. Esto impediría en parte que la luz entrase en la sala a demás de inhabilitar las salidas y entradas. Ahora nadie interferiría en su enfrentamiento.

La temperatura empezaba a ascender, Jack podía notar cada grado centígrado que se sumaban a los anteriores. Ya le había cabreado.

- Eres un chico aburrido. -

El fuego que emanaba el cuerpo de su oponente provocaba que el hielo comenzase a perder su forma solida y que, el agua que caía se convirtiera en puro vapor de agua. Jack no era experto al usar las partículas de agua que, aunque seguían siendo agua eran gotas tan pequeñas que apenas se podían percibir. Al menos podría usarlas a su favor.

- Estoy al tanto del efecto que tengo entre los hombres y mujeres, ¿Pero no crees que es excesivo? -

De nuevo, una broma sin gracia salio de sus labios. Broma que no detuvo a su contrario de golpearle con un cabezazo. Aquello afectó a Jack mas de lo que jamas afirmaría. Al ser una persona capaz de convertirse en agua, su cuerpo se transformaba en liquido instintivamente ante los golpes, aquello no solo le producía dolor, "llama" había evaporado parte de su cara. Tardó en regenerar dicha parte de su cabeza tomando el agua acumulada en el suelo.

Le había tomado por sorpresa sin embargo, la atención de Jack por aquel individuo despertó una vez que comenzó a abrasarle los hombros. El moreno parecía provocar la combustión manipulando su temperatura corporal, todo lo contrario a Jack, quien a pesar de poder congelar cosas, solo se trataba de un efecto secundario de la baja temperatura de su cuerpo. Para poder sobrevivir debía absorber el calor de otras fuentes vivientes. En ese momento pensó que no tenía nada que perder.

La piel del pálido y gelido Jack comenzó a brillar a una baja intensidad, obteniendo un tono gris azulado. Las llamas del hombre ardiente empezaron a desaparecer. Jack estaba absorbiendo el calor de las mismas.

- Con esto no contabas ¿eh? -

Sin perder mas tiempo, le proporcionó un rodillazo en el estomago y manipulando el agua aprisiono sus piernas, congelandolas al poco tiempo.

- Ahora, probaré esos labios. -

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Mensaje por Elias Ripley el Vie Abr 22, 2016 7:57 pm
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El dueño de las llamas soltó un quejido de dolor en cuanto sintió que sus manos empezaban a adormecerse. No, a adormecerse no: se estaban congelando. Intentó apartarse, más el hielo ya se encontraba agrietado su piel y abriéndose paso de manera dolorosa. El terror que aquella imagen le causó se vio interrumpido por un fuerte golpe en su estómago que provocó que se doblara y soltara un grito ahogado. El sonido del hielo ascendiendo por sus piernas y solidificándoselas le causó auténtico pavor. Alzó la mirada y se encontró con los ojos fríos del villano, quien no parecía sentir ni una pizca de compasión por él.

¿Te das cuenta de lo que estás haciendo? ¿Es que no hay acaso bondad en tu corazón helado…? —preguntó con temor, sintiendo que incluso su propia respiración se convertía en vaho. Por primera vez desde la aparición de sus poderes, empezaba a sentir auténtico frío, frío que le congelaría como no consiguiera deshacerse de él.

A base de fuerza bruta y varios intentos consiguió descongelarse las manos y conseguir que de ellas volvieran a nacer llamas. Llamaradas anaranjadas que danzaban al son de su desesperación. Se llevó las manos a la pierna derecha y empezó  a calentarla desde el exterior con sus extremidades y desde el interior con su propia pierna. Parecía imposible, pero Elias estaba seguro de que tardaría en liberarse. El villano era demasiado poderoso, era un supervillano y él ni siquiera se había dado cuenta. Pero… sabía que le quedaba una última opción.

Elias apretó la mandíbula y respiró profundamente, preparándose. El desconocido se acercaba a él y ya había amenazado con darle el beso mortal.

Si existe un Dios, espero que esté de mi parte ahora… —murmuró el hombre, mirando unos segundos hacia arriba. En cuanto el chico estuvo cerca, Elias se precipitó hacia él. Apartó las manos de su pierna y las llevó directamente a la camiseta contraria para impulsarle hacia sí mismo. Si el villano lo hacía… ¿por qué él no? Con decisión colocó sus labios sobre los contrarios, completamente helados. El frío empezó a invadirle rápido, arrastrándole hacia el abismo. Aun así su corazón era fuerte y con cada golpe volvía más poderoso a su propio fuego. El calor empezó a ganar terreno, expandiéndose por su cuerpo, descongelando sus piernas y concentrándose en sus labios. Elias se encargó entonces de llevar su mano al pelo del villano y profundizar el beso, asegurándose así de que recibiera todo su calor. Acabaría con él y lo haría usando el método que había usado él anteriormente para acabar con una vida humana.

Mierda. Ese pensamiento le desconcentró. Los labios contrarios habían tocado a los de un hombre hasta asesinarle. El frío empezó a penetrarle de nuevo, pero pronto su mente borró aquel recuerdo y continuo manteniéndose fuerte.



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Mensaje por Erik D. Snow el Vie Abr 22, 2016 8:33 pm
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El chico le replicó su forma de actuar. ¿bondad?¿Corazón?. Jack se percató en ese mismo instante que la persona que tenía en frente suya no le conocía. Un año y medio como Killer Frost y ya le habían catalogado como un supervillano cuando muchos delincuentes con habilidades no llegaban ni a la suela de sus zapatos. El emperador de hielo le llamaban algunos, otros simplemente Jack. El caso es que ya daba los mismo. La captura del gelido joven era una prioridad en Central Union y todo aquel con el que se había cruzado lo había lamentado. Sin misericordia.

- El FBI, la policía, los científicos y médicos de Central Union... me dieron la espalda cuando mas lo necesitaba. En vez de ayudarme me trataron como a un criminal. Al final, tuve que convertirme en uno y la verdad... lo disfruto. -

Las emociones y recuerdos estaban a flor de piel sin embargo, no podía reaccionar a ellos, era incapaz de sentir empatía por su antiguo y por cualquier otra persona. Su corazón y mente eran ahora tan frías como su cuerpo.

- Fallecí y reviví, desperté sobre una mesa del morgue. Me iban a hacer una autopsia. Sentí el bisturí abrirme en canal, la mujer adentró sus manos en mi cavidad torácica y... simplemente absorbí su calor y murió. Mi cuerpo se regeneró pero me acusaron de homicidio y me dieron caza. No me hables de bondad. Necesito matar para vivir.-

Jack observó como el contrario se empeñaba en liberarse del hielo y lo estaba consiguiendo. Sin esperar a mas, se acercó a los labios de su enemigo, manteniendo sus humedos labios a escasos centímetros de los de él. Para su sorpresa, el próximo se abalanzó sobre él, besándole a la fuerza. El menor, a sabiendas de que el otro no lo haría sin un plan, trató de liberarse sin embargo, su cuerpo comenzó a absorber el calor del héroe, haciéndole ahora incapaz de separar sus labios de los de él pues hacía mucho tiempo que no se sentía tan calido.

Por un momento, pensó que acabaría siendo incinerado desde dentro hasta que la sensación de quemazón desapareció durante un instante. En ese corto periodo de tiempo, aprovechó para manipular las partículas de agua que su enemigo había respirado del vapor, vapor causado por los cambios de temperatura bruscos que se habían presentado en el ambiente. Solidificó dichas partículas, provocando que el liquido pleural acabase parcialmente congelado, produciendo a su vez un fuerte dolor al respirar.Aun habiendo realizado dicho ataque, sus labios seguían en contacto por lo que acabó por absorber mas calor del que necesitaba.

Sus ojos cristalinos dejaron de brillar y tomaron un color azul claro, al igual que su piel, la cual se sonrosó. Su blanquecino cabello se torno rubio, originando un aspecto mas humano para el chico gelido. Sin demorarse mas, separó sus labios de los del chico en llamas, percatándose de que ya no era capaz de congelar nada.

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Mensaje por Elias Ripley el Sáb Abr 23, 2016 9:00 am
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Elias tomó como una victoria el hecho de sentir los labios ajenos cada vez más cálidos. Se veía a sí mismo pudiendo marchar indemne de la batalla, regresando a su hogar, echándose en el sofá y recordando únicamente entonces que había ido al banco con un motivo que claramente no era luchar contra el mal (a no ser que se considerara a las grandes sucursales bancarias supervillanos, pues en ese caso, habría luchado contra el mal de manera altamente reconfortante). Pero supo que sus planes iban a tener que cambiar en cuanto su pecho empezó a doler, como si millones de pequeñas hojas mortales en su interior lucharan por salir de su cuerpo.

El combatiente de fuego se echó hacia atrás, sintiendo que hasta su garganta empezaba a congelarse. Pero si abrió sus ojos producto de la sorpresa no fue porque descubriera que su cuerpo, recipiente de las llamas más ardientes del infierno, se estaba congelando; sino porque la persona que tenía delante, receptor del hielo más terrible de los infiernos nórdicos, se había convertido en algo que podría denominarse más cerca de lo humano. Su piel había adquirido un aspecto cálido y sonrosado, su pelo se había transformado en algo suave del color del trigo y sus labios, anteriormente parecidos a un iglú, restaban ahora hinchados y rojizos.

Elias quiso echarse a reír… y de hecho, eso hizo. Soltó una pequeña carcajada, lo único que le dejaron sus afectados pulmones antes de que tuviera que recuperar el aire con una gran bocanada.

Deberías perder más batallas: te sienta bien —soltó, guiñándole un ojo antes de retroceder para abrazarse su propio pecho. Si algo sabía del contrario era que su elemento era el hielo, por lo que Elias vio una única solución a su congelación interior. Encendió sus manos nuevamente y apuntó directamente a su pecho, sintiendo que a pesar del dolor de las quemaduras, sus órganos internos se liberaban de aquella presión—. Y ahora te toca a ti… —murmuró, todavía con la mirada fija en su pecho. Alzó entonces sus ojos y le dedicó una sonrisa creída—. Voy a entregarte a las autoridades y espero que por ti me den algo más que dos billetes para comprarme una nueva camiseta.

Elias se agachó y colocó su mano en el suelo, provocando que se creara una gran estrella de fuego a su alrededor. El fuego se convirtió progresivamente en un círculo y avanzó hasta rodear al hombre helado, dejándole sin posible escapatoria. El repartidor de pizzas sonrió de lado entonces.




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Mensaje por Erik D. Snow el Sáb Abr 23, 2016 10:21 am
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El ahora no tan gelido joven, apretó sus labios, expresando una mueca de enfado. El contrario incandescente le había "sobrealimentado" a propósito. Pocos sabían de su vulnerabilidad. No quedaba otra. Debía eliminarle para que no informase sobre su debilidad. El problema era que, no era tan fácil borrarle del mapa como en un principio pensó Jack.

- Ahora que lo dices, tú también deberías perder más. Te ves bien tan pálido como luces ahora. -

Su tono inalterable seguía tan gelido como siempre. Tratando de averiguar el método mas efectivo para acabar con el chico que tenia a unos metros, tomando aliento. Ahora era un interés personal acabar con él y por ello, dejaría a un lado la diversión aunque, ahora que no podía congelarle, tan solo le quedaba una opción, ahogarle.

Se mantuvo alerta, esperando al próximo movimiento del héroe. Observando cada movimiento que hacía aun sin perder la atención a sus palabras.

- Por mi te darían mas de dos billetes, en caso de que llegues a atraparme. Soy escurridizo. -

Esta vez dejo escapar una sonrisilla llena de orgullo, orgullo por la dificultad de mantenerle preso. Nada podía retener el agua. Antes de que pudiera notarlo, el suelo se encontraba engullido por las llamas, rodeándole. El rubiales elevó ambas manos, sintiendo la presión del agua que circulaba por las tuberías del banco. Con un solo movimiento de muñeca, el agua de las tuberías salió a presión, atravesando las paredes e inundando el lugar, extinguiendo así las llamas.

- Es una pena que hoy no vayas a cobrar. -

Cualquier apertura estaba sellada por la gruesa capa de hielo que había creado momentos antes. No tenía escapatoria. El agua subía rápidamente hasta llegar a la altura del pecho del joven.

- Estoy seguro de que volveré a probar esos calidos labio.... pero, hasta entonces, tendrás que evitar morir ahogado. -

El cuerpo de Jack volvió a tomar un estado liquido para que, de esa forma, pudiera escapar a través de las tuberías que transportaban el agua. No era la primera vez que usaba ese método de escape. Antes de llegar a licuarse por completo, le dedico unas palabras al joven que le había plantado cara, palabras que resonaban por la habitación en forma de eco por la transformación parcial de las cuerdas vocales de Jack.

- La próxima vez te mataré. -

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Evil Brotherhood

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Mensaje por Elias Ripley el Sáb Abr 23, 2016 10:36 am
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17:30 PM
20 of April
Diamond City Bank
Elias Ripley
A deadly breath
Elias no era una persona violenta pero si salía de allí con vida se encargaría de arrancarle una disculpa al hombre de hielo a golpes si era necesario. Y que el agua le estuviera llegando ya a los hombros sería pasable si se encontrara a una temperatura mínimamente tibia, pero el líquido estaba tan helado como el hombre de hielo. Elias intentó moverse entre el agua para acceder a los muros de hielo que le rodeaban. Pero sus piernas iban más lentas que la velocidad del agua cayendo desde las tuberías y si continuaba de aquella manera, pronto ni siquiera podría respirar. Alzó el rostro para evitar que el nivel de agua que ahora llegaba a su cuello le acariciara la barbilla y alzó el brazo derecho para crear una pequeña llamarada en su mano, fuera del agua.

La lanzó como si de un jugador de béisbol se tratara, con fuerza y decisión. La bola de fuego impactó en el blanco y la tubería se deformó, pero todavía no era suficiente. Repitió la acción unas cinco veces hasta que consiguió que el plástico quedara completamente quemado, cerrado, y le diera un mínimo de tiempo hasta la explosión que llevaría a cabo la presión del agua. Nadó a grandes brazadas hacia la pared de hielo y empezó a golpearla con los puños y hombros en llamas, consiguiendo que se rompiera el hielo, pero de una manera demasiado lenta. Sus puños excavaron cada vez más en el muro, hasta que quedó una fina capa de hielo separándole del exterior, donde los civiles lo observaban con miedo y los policías con las inútiles pistolas preparadas.

Fue entonces cuando la tubería cedió de nuevo a la fuerza del agua y explotó, dejando caer una gran cascada que en cuestión de segundos le llegó a la altura de las mejillas. Elias cogió aire desesperadamente antes de sumergirse y calentar por completo su cuerpo. Si no hubiera dormido en un frigorífico, si estuviera más acostumbrado a dejarse llevar por todo su poder… Estaba a punto de morir y sabía que era por haberse intentado contener tanto tiempo. ¡Menuda paradoja!

El agua que le rodeaba empezó a evaporarse, pero no era en absoluto suficiente. El aire abandonó sus pulmones y Elias se retorció, incapaz de continuar adelante. Entrecerró los ojos con dificultad para ver a través de la fina lámina de hielo que había quedado separándole del exterior y llevó su mano allí para acariciarla. Dio un último puñetazo lleno de rabia antes de darse por vencido y el golpe quebró por completo la estructura de hielo, agrietándola primero y destruyéndola después. El agua salió como si de un tsunami se tratara, arrastrándole hasta que consiguió agarrarse a una de las puertas. Elias cerró los ojos, cansado, harto, con el pecho regalándole punzadas de dolor y con los oídos completamente tapados. Cuando abrió los ojos, se encontró con que la mayoría de las personas estaban a salvo. Mojadas, pero a salvo. El villano solamente había causado tres muertes.

El hombre de fuego respiró agradecido.

Perdona, ¿podrías decirme quién era ese? —Preguntó sin fuerzas en cuanto la empleada que le había atendido se acercó a él. La mujer pareció escandalizada. En menos de medio segundo le explicó el apodo del villano, cuáles eran sus poderes, su historial delictivo y hasta cual era su comida favorita. Así que hasta los villanos podían tener fans, ¿no? Elias se encogió de hombros y asintió—. Bueno, pues ya se ha marchado. Y aunque me ha prometido asesinarme a la próxima… no creo que vaya a poder conseguirlo —La mujer pareció escandalizada: al parecer, tenía más fe en los poderes del señor del hielo que en los de un héroe desconocido que dominaba el fuego. Elias estuvo a punto de explicarle a la mujer por qué él era mejor que ese tal Jack algo, pero entonces fueron interrumpidos por el director del banco, quien le pedía que pagara por los desperfectos.

El rostro de Elias palideció más que cuando casi fue convertido en una estatua de hielo por los poderes de Killer Jack.

¿¡Perdón!? ¿Qué? —Su cuerpo se paralizó. ¡Él era el héroe! Era el que había expulsado al villano… ¡No podían pedirle que encima también se hiciera cargo del coste económico de los desperfectos! Viéndose en un camino sin salida, Elias se sacó el móvil del bolsillo trasero del pantalón y se lo colocó en la oreja, como si acabaran de llamarle. Antes de empezar a hablar, colocó la palma de la mano delante del rostro del director—. ¿Cómo? ¿Una urgencia? ¿Y están muriendo niños delante de ti? ¡Dios, mío, menuda tragedia! —gruñó, de una manera claramente sobreactuada.

Cubrió el teléfono con su mano y se dirigió entonces al director del banco.

Lo siento, me temo que tengo otra urgencia. El deber me llama —El teléfono en su mano empezó a sonar entonces, demostrando que anteriormente no había estado hablando con nadie. Era su jefe esa vez: estaba llegando tarde al trabajo. Ignoró por completo los gritos y regañinas del director del banco calificándole como a una vergüenza para la comunidad heroica y descolgó el teléfono, empezando a recibir también los regaños de su superior—. Sí, señor. Sí. No, por supuesto que no. Está todo bien. Claro. No, la moto no. Sí, si es que me he encontrado con… Ah, ya. Por supuesto que no será necesario hacer eso. ¡En un momento estoy allí!

Y salió corriendo del banco, todavía con el antifaz en su rostro.


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